Columnas social
Dr. Leonel Rodríguez R.
dom 29 oct 2017, 12:53pm 10 de 10

UNA VISITA A UN ASILO DE ANCIANOS / II


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(Primera parte)

"Una vida de esperanza: Como un viajero, el hombre va caminando, guiado por sus ambiciones o sus deseos, pero empujado, inexorablemente, por las agujas del tiempo. Espera un futuro cada vez mejor y lucha por alcanzar sus objetivos de felicidad. Los jóvenes se impacientan por ser grandes para "hacer su vida", los adultos esperan la jubilación y las personas mayores hojean con nostalgia su agenda… Al hacer su balance, ¡promesas olvidadas, amistades rotas, sonrisas borradas…! ¡Cuántas desilusiones y tiempo perdido!

Y don Higinio nos sigue contando: …"Perdió la vista tres años anteriores a causa de un mal incurable y hace un año se fracturó la cadera al resbalar en el piso de la recamara de la casa de su hermana, también octagenaria, en la ampliación los Ángeles. Pero la invidencia no lo doblegó y siguió atendiendo los juicios civiles, testamentarios y de traslado de domicilio encomendados por clientes que todavía confían en su preparación y habilidades de profesionista. Llegaba a los tribunales apoyado en un bastón y un guía que lo sostenía de uno de los brazos y le movía los hombros para corregir el rumbo. Lamentablemente, los procesos quedaron interrumpidos abruptamente debido al infortunado percance casero que lo inmovilizó físicamente, pero no intelectualmente…

Estoy aquí por decisión propia y de común acuerdo con la familia…".

Cuántas personas con historias parecidas a José Luis Triana, "Trianita", se doblegan ante una desgracia menor o mayor a la que sufrió don José Luis, simplemente muchos jubilados se abaten, se caen, se derrumban, pues según ellos, "ya no hay nada más que hacer", y es por ello que, sobre todo en el giro magisterial, hay un sin número de profesores con más de cuatro décadas de antigüedad que se aferran a su plaza de maestro, pues para muchos retirarse sería como "cavar su propia tumba": Considero que toda persona que está en vísperas de su jubilación, debe planear, debe hacer un programa para pensar en qué va a utilizar los años que le resten de vida; hay que prepararnos mental, social y emocionalmente para esa maravillosa etapa de la vida como es la jubilación. Hay que cerrar ese círculo que nos llevó tres o cuatro décadas para llevarlo a cabo. ¡Sí!, para cerrarlo y no volver a abrirlo. Veo con suma tristeza que muchos profesionistas jubilados buscan una "chambita" por aquí, por allá, dicen para tan sólo "entretenerse"; no quieren abrir su imaginación y ver que hay un cúmulo de actividades que siempre nos estuvieron esperando para llevarlas a cabo, y cuando llega ese momento, "hay que aprovecharlo", tan sólo tenemos una vida, no va a haber ninguna otra y hay que disfrutarla de mil maneras. Escudriñemos en nuestro interior, volvamos mentalmente al pasado y recordemos cuántas cosas queríamos llevar a cabo, pero por la entrega a la profesión que ejercíamos, a la educación de los hijos y por muchas razones más, no pudimos llevarlas a cabo en su momento. Yo soy el menos indicado para decirles que es lo que deben hacer para disfrutar al máximo esos años que nos restan de vida y al final de ella, musitar como Amado Nervo: ¡Vida, nada me debes, vida estamos en paz!".

Y concluye don Higinio en su mensaje: "En una entretenida plática de una hora aproximadamente y con voz cantante e informativa, comprendió que se había alargado demasiado y con una sonrisa ironizó: ya me contagiaron los dos chiflados con quienes comparto el cuarto".

Cuántas personas como don Higinio se darán el tiempo para ir a visitar a un viejo amigo, ahora amigo viejo, a una casa de adultos mayores, echemos al olvido ese término tan hiriente como es "asilo de ancianos" y recordemos que la amistad se demuestra cuando se visita a un amigo tanto en su casa, como en la cárcel y un hospital, y don Higinio se regaló y regaló a un buen amigo unos minutos y se retiró pensando: "Con este optimismo abandono el albergue, pero un pensamiento revolotea en mi mente: - Las alas terrenas de los internos están rotas y ya no pueden - con sus excepciones, naturalmente- volar al aire libre. Las celestiales aguardan, pero nadie - me incluyo - repara en ellas. Su espera, entre más larga, mucho mejor. Ojalá y las compañeras y compañeros logren sus propósitos de continuar siendo útiles y que José Luis pronto se reintegre a su grupo de los también veteranos, sus amigotes de escuela y de convivencias etílicas".

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