EDITORIAL
ARNOLDO KRAUS
lun 16 abr 2018, 8:03am 8 de 8

Tierra


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La Tierra, nuestra casa, tiene una vida, sólo una. Las peleas entre creacionistas, grandes empresarios explotadores de la Tierra y científicos continuarán ad libitum. Entrecruzar palabras cuando idiomas y argumentos no convergen es inútil. Son testigos involuntarios del cambio climático, la contaminación de los mares, la desaparición de especies animales y vegetales y la capa de ozono.

Hace muchos años se publicó un pequeño y gran libro, cuyas advertencias atrajeron a científicos y humanistas. Los señalamientos de C. P. Snow durante una conferencia, en Cambridge, en el Senado (1959), posteriormente publicada como libro, The Two Cultures -Las dos culturas-, han pasado, lamentablemente, inadvertidos. En síntesis, Snow, científico y novelista, expuso la falta de comunicación entre las ciencias y las humanidades. Los científicos se preocupan, dice Snow, por el avance de la ciencia, mientras que los humanistas poco saben de los avatares de las ciencias. La ausencia de un lenguaje común y la falta de interés de unos por los quehaceres de los otros impedía, e impide, sumar esfuerzos y enfrentar problemas en forma conjunta. De acuerdo al científico y escritor británico, la imposibilidad para resolver algunos problemas mundiales es consecuencia de esa falta de comunicación.

En el prefacio del libro fundacional de la Bioética contemporánea, Bioethics. Bridge to the Future (1971), Van Rensselaer Potter, uno de los principales promotores de la bioética, retoma, al igual que hoy lo hacen otros pensadores, el término "las dos culturas", ciencias y humanidades. Potter subraya, al igual que Snow, la falta de comunicación entre ambas disciplinas y asevera, "… (la incomunicación) entre ambas es una de las razones por la cual el futuro de la Tierra está en duda; construir 'un puente hacia el futuro', por medio de la Bioética podría servir como puente entre las dos culturas".

Snow y Potter advierten en sus textos, desde posturas diferentes, físico el primero, bioquímico el segundo, sobre los peligros que se ciernen sobre el ser humano y la Tierra. Aunque creo, y quiero creer, que la falta de comunicación e interés entre científicos y humanistas ha disminuido, las premoniciones de ambos se han multiplicado debido a la emergencia de un tercer factor, el del Poder representado por políticos y grandes empresarios, usualmente vacuos de sabidurías científicas y humanistas.

Esa vacuidad hermana a la mayoría de los políticos vivos y de los empresarios cuyos intereses nada tienen que ver con la salud presente y futura de la Tierra, sino con el número de votos y la posibilidad de desarrollar negocios a costa de la salud de la Tierra y la de sus habitantes. Los fundamentalismos religiosos y políticos, arropados por ideas creacionistas, han profundizado la crisis por la que atraviesa el globo terráqueo.

A las "dos culturas" de Snow, habría que agregar la incultura de políticos y grandes empresarios, (muy) preocupados por el presente y (poco) preocupados por el futuro. Suficientes los decires del imparable Trump e incomprensible la imposibilidad de los universitarios estadounidenses.

Como se sabe, el gobierno de Trump sostiene, sin datos científicos, que los programas de cambio climático son "una pérdida de dinero" y que el cambio climático en sí es un "engaño costoso". Suficiente sandez y menosprecio hacia el mundo fue abandonar, en 2017, los Acuerdos de París contra el cambio climático firmados por 195 países. Trump y trumpianos, no necesariamente estadounidenses, han ahondado la falta de diálogo y creado una suerte de "Las tres culturas".

En 2017, más de 16 mil científicos firmaron una advertencia a la humanidad sobre la salud del planeta. De acuerdo con los científicos -basta mirar, oler y casi tocar el aire de la Ciudad de México-, de no modificarse el comportamiento humano, el planeta sufrirá un daño "sustancial e irreversible".

Dentro de sus múltiples advertencias, destacan el incremento de las emisiones de carbono -90% a partir de 1970-; las zonas muertas en los océanos, espacios carentes de oxígeno, han aumentado 75%; entre 1990 y 2015, el mundo ha perdido 129 millones de hectáreas de tierras forestales; desde 1992, año en el cual se emitió una carta similar a la de 2017, la población humana aumentó 35%...; lamentablemente hay más datos "terroríficos", pero no espacio.

Las admoniciones de Snow, Potter y decenas de pensadores, incluyendo los 16 mil científicos, de poco han servido. La pregunta no es ¿por qué triunfa la sinrazón?, la pregunta, convertida en tragedia, es otra, ¿por qué permitimos que eso suceda?

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