El catalán que no ayuda pero sí coopera
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REDACCIÓN SIGLO NUEVO
jue 9 ago 2018, 11:27am 1 de 2

El catalán que no ayuda pero sí coopera

Centro de Integración Escolar, Profesional y Deportiva. Foto: Ibai Rigby

Comprimir la tierra, componer maravillas
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Sus proyectos se adaptan al entorno y mejoran la calidad de vida. Albert Faus logra que nuevas generaciones en africano suelo se interesen en el arte de los materiales. Obra soluciones cuando las condiciones están lejos de lo idóneo.

Burkina Faso. País al occidente de África. Su Índice de Desarrollo Humano (IDH) no supera los 0,402 puntos. Esto significa que sus habitantes carecen de servicios básicos, como agua, luz, drenaje.

En esta nación Albert Faus (Barcelona, 1972) sembró un rayo de confianza, en sí mismo y en la comunidad favorecida con su iniciativa.

Licenciado en Arquitectura y Diplomado en Ingeniería de la Edificación por la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), Faus ganó el Premio FAD de Arquitectura e Interiorismo 2017 con el proyecto de renovación y extensión de un orfanato ubicado en la zona de Guiba, en Burkina Faso.

Sus obras poseen la cualidad de adecuarse al contexto que los alberga. Cemento, lámina y bloques de tierra comprimida (BTC) son los elementos que utiliza para alzar sus composiciones.

Pisó suelo africano por primera vez en 2005. Un amigo lo invitó al primer Festival Internacional de Arte de LAAFI (que en lengua moré significa “paz y salud”), una asociación que promueve la cultura y brinda apoyo educativo a niños de escasos recursos.

El catalán aceptó la invitación y su visita se convirtió, desde 2010, en residencia definitiva. Los primeros tiempos en su nuevo hogar fueron complicados, incluso contrajo malaria. No abandonó. Con el tiempo, y motivado por la calidez y la humildad de la gente, logró establecerse y comenzar a actuar.

BLOQUES

Para construir es imprescindible tomar en cuenta los factores climáticos, esto es especialmente cierto en un territorio donde la temperatura no baja de los 30 grados centígrados y en abril se supera la marca de los 45 grados. Al dictado del termómetro hay que sumar el viento cargado de polvo y, en verano, las lluvias intensas. Las obras pues, deben reunir dos condiciones: ser frescas y resistentes. Otra dificultad es la escasa producción de materiales en el lugar.

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Escuela de Educación Infantil LAAFI. Foto: Cortesía Albert Faus

Su solución fueron los BTC, una alternativa ecológica a los ladrillos convencionales. A diferencia del block tradicional que es cocido, éste se obtiene al comprimir una mezcla de tierra, cal, arena, cemento y agua en una máquina especializada.

Las ventajas comienzan por una reducción sustancial en el costo de producción. Otras bondades: aíslan el sonido, resisten el fuego, son térmicos, se pueden aplicar en grandes y pequeñas construcciones, poseen un estético atractivo, no se requiere importarlos, la tierra del lugar es un material apropiado para cumplir la función.

SONRISAS

Faus recalca que él no construye en África por paternalismo, no es su intención “ayudar” sino “trabajar” y “cooperar”, entendido como “hacer equipo”, con la gente.

En 2011, para acercarse más a la comunidad y en especial a los niños, desarrolló, junto a la asociación LAAFI, el curso de verano Kamba Zaka para chicos de entre 6 y 12 años.

Los participantes recibieron lecciones con el objetivo de iniciarlos en los rudimentos del oficio arquitectónico.

El curso se inspiró en la tradición burkinesa de fabricar pesebres de barro para la Navidad. Tuvo un impacto positivo dentro de la comunidad.

Los infantes aprendieron sobre emplazamientos, diseño de plantas y fachadas, construcción y demás conceptos básicos del arte de los materiales.

En la parte final de Kamba Zaka se pusieron a diseñar modelos a escala de Concesión Mosii, la casa tradicional de algunas etnias en esa región del mundo. Los pequeños talleristas, en conjunto con el arquitecto, los maestros y los trabajadores, hicieron ladrillos BTC, luego los unieron con barro y cemento, al final colocaron la fachada de paja.

Un año después, Faus comenzó a desarrollar un proyecto enfocado a uno de sus objetivos primordiales: edificar escuelas en el continente negro. Así surgió el Centro de Integración Escolar, Profesional y Deportiva localizado en la ciudad de Uagadugú, específicamente en Rimkieta, uno de los barrios nuevos de la capital que emergió en los últimos años a instancias del crecimiento demográfico y la migración.

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Talleres en que los niños aprenden acerca de materiales y técnicas constructivas. Foto: Cortesía Albert Faus

Con 145 metros cuadrados de construcción, 215 metros cuadrados bajo cubierta, el Centro se erigió para reemplazar una obra anterior que ya había agotado su funcionalidad. El resultado fue un pequeño complejo con techado no macizo y una cubierta metálica, como una sombrilla útil tanto en días soleados como lluviosos, que permite aprovechar la luz natural y evacuar rápidamente el agua en temporada de chaparrones.

Los esfuerzos se vieron concretados en salones, una sala de maestros, vestuarios, duchas y baños. Así ha vuelto a cumplir con las dos razones de ser de este centro educativo: la alfabetización de los niños y la escuela deportiva.

MÁS FORMACIÓN

De 2015 es otro proyecto notable del arquitecto catalán: la Biblioteca Katiou. Utilizó el mismo proceso de elaboración del Centro de Integración Escolar, pero, a diferencia de éste, la sala de lectura posee un sólo volumen.

Es otra estructura de techo no macizo, esto en atención al clima, para que las temperaturas sean respetuosas del estudio.

Decidido a hacer lo mejor con un presupuesto limitado, Faus optó por algo habitual en Burkina Fasso, la colocación de carpinterías metálicas sin acristalar, dotadas con conjuntos de laminillas para regular tanto la corriente de aire como la luminosidad. Katiou está abierta al público en general.

Por esos mismos días, Faus estuvo al pendiente de la reconstrucción del Home Kisito, un orfanato para recién nacidos y pequeños de hasta dos años de edad.

Gracias a esta obra, el catalán obtuvo el Premio FAD de Arquitectura e Interiorismo el año pasado.

Las instalaciones del viejo espacio ya estaban más allá de sus límites y se tenía el inconveniente de que los niños con capacidades diferentes no podían ser atendidos de forma personalizada.

Faus encabezó trabajos que concluyeron con 235 metros cuadrados de construcción.

Los pilares de este proyecto fueron las donaciones, la perseverancia de la directora del orfanato y el talento del catalán.

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Biblioteca Katiou. Foto: Cortesía Albert Faus

La fachada principal posee un grueso muro de piedra de 2.5 metros de alto que protege contra las tormentas veraniegas. Se observa un techo arqueado y sobresale una lámina que cubre el frente para mantener fresco el lugar. Una protección adicional es la que brindan varios árboles con abundante follaje (flamboyanes, anacardos y naranjos) que se plantaron en la mejor posición con respecto al baño de sol. Además, estas precauciones contribuyen a resguardar contra los mosquitos, tan dados a portar enfermedades.

Faus observa que la arquitectura en Burkina Fasso, y en otros puntos del continente negro, va despuntando.

Si bien no hay una escuela formal de arquitectos, comenta, existe un amplio campo para la formación de nuevas generaciones de especialistas en el oficio de los materiales.

En los años en su nuevo hogar se han celebrado múltiples festivales y conferencias a las que han sido invitados destacados proyectistas. Los arquitectos han entablado diálogo con sus auditorios y de esos intercambios han surgido métodos más eficientes de emprender obras en esas latitudes.

A Faus le gustaría trabajar en temas de patrimonio considerado memoria de la humanidad. Si bien en la nación africana queda mucho por hacer, confía en que el llamado de solidaridad será atendido. Él seguirá en lo suyo, es decir, poniendo manos a la obra para incrementar la calidad de vida en suelo burkinés.

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