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Redacción Siglo Nuevo
mié 5 dic 2018, 10:00am 1 de 1

Guajes con colorido

Florián López Guerrero. Foto: El Universal/Luis Cortés

Una victoria muy mexicana
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Su primera serie arrojó 40 piezas de las que sólo conservó una para guardar la referencia en futuros trabajos. Las demás se vendieron.

Florián López Guerrero cuenta que la inspiración para hacer una artesanía muy mexicana le surgió lejos del país, en una urbe estadounidense a la que había ido a pintar un mural. Con guajes, hoy elabora lo que él llama “victorias”, creaciones que pinta con motivos mexicanos y que, afirma, le gustaría que fueran su aportación a la cultura nacional.

Florián es de Ciudad del Maíz, municipio de San Luis Potosí, y el guaje es una extensión de su obra pictórica, una que le ha llevado a presentar sus obras en galerías de la entidad potosina y de Tamaulipas, así como al norte del río Bravo.

Las victorias ocupan una mesa a un costado de una galería ubicada en el primer cuadro en Querétaro capital, allí es donde reside desde hace unos años. Junto a la calle, un restaurante recibe a los visitantes con sus olores a huevos y café. Frente a unas mesas del local, una docena de guajes naturales sirven como decoración. "No quise hacerles nada a estos. Se ven muy bien así, y para que la gente los vea como son", dice Florián.

Utilizados tradicionalmente por los hombres del campo para almacenar agua y llevarla a sus jornadas, son convertidos por Florián en arte-objeto. El artista plástico, avecindado en la entidad queretana desde hace tres años, comenta que esta idea nació hace diecisiete años.

MÉXICO LINDO

Lejos de suelo patrio, se le ocurrió pintar un guaje que vio en Denver, Colorado. En esa ciudad mucha gente los utiliza para hacerles refugios contra el invierno a las aves. Los cuelgan de los árboles; allí llegan los pájaros y se protegen de las temperaturas bajo cero.

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Exposición Poliformas, Querétaro. Foto: Casa de la Cultura Jurídica, Ciudad Victoria

Luego de ese primer ejercicio hizo otro y otro más; los decoró con tonos alegres, en ellos representó desde figuras humanas hasta cuestiones sociales, elementos de la identidad mexicana y demás. Su primera serie arrojó 40 piezas, 39 de ellas se vendieron. Sólo conservó una para guardar la referencia en futuros trabajos.

"Es un proyecto que surgió en Estados Unidos, pero ya estando acá decidí que llevara la connotación nacional, básicamente (personajes) femeninos. Con el paso del tiempo fueron surgiendo otros temas en el proyecto. Es tan noble que lo que se te ocurra lo puedes hacer", indica.

Las diversas formas que adoptan los guajes le permiten desarrollar obras diferentes, únicas por la variedad de cada uno de los productos. Esa materia prima puede hacer que el potosino se inspire para hacer un pelícano, una mujer desnuda abrazando al sol, una sirena o una tortuga. El límite es la imaginación y la creatividad.

Florián señala un pavorreal. Expone que el artesano tradicional “le pondría plumas encajadas, para lograr el efecto de la cola linda”. Su visión es otra: “Yo lo podría hacer también, pero como lo mío es la pintura, busco expresar con la pintura el tema".

JORNADA

La elaboración de una pieza puede llevarse entera la jornada de trabajo, esto es, 12 horas de labor constante. A veces lo primero, sin siquiera tener el guaje enfrente, comparte, es imaginar la forma que adoptará tal o cual superficie, que puede ser alargada o más ancha que la tradicional, así como el proceso pictórico; la pieza, desde allí, ya es única.

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Parte del arte-objeto expuesto en Poliformas. Foto: Cortesía Florián López Guerrero

Florián presenta con orgullo sus trabajos. La mayoría muestra la belleza mexicana, rostros de ojos almendrados, narices anchas y labios carnosos, aunque en el inventario visual tiene tantas imágenes como quiera representar.

Pelícanos, padres, hijos, tortugas, hombres, niños, todo puede ser dibujado y plasmado mediante el procedimiento que da lugar al arte-objeto original de Florián. Comenta que se puede hacer una variedad muy amplia de animales del mar, o bien de fauna del desierto, como alacranes, víboras, águilas.

También se pueden recrear aves, este terreno es particularmente atractivo para el también muralista: "imagina pintar todos los pájaros de México, los que vienen, o los endémicos, es maravilloso, la verdad. Descubrir que tienes un mundo por expresar".

INVENTARIO

Hasta ahora, cuenta, ha hecho alrededor de 500 piezas de este corte. En la exposición que tiene allí presente hay alrededor de 40, se van renovando conforme se concreta alguna venta. Afirma que la respuesta de la gente es muy buena, le pagan el precio que él sugiere y no hay regateo; sus clientes saben que es una pieza original y de gran calidad.

Una figura llama la atención, se trata de un oso hormiguero, cuyo guaje parece hecho a mano, ideal para que Florián plasme sus ideas y transmita su conocimiento.

Hay diseños que no necesitan mucha pintura, es decir, el mismo color de los guajes proporciona el tono apropiado. Tal es el caso de una tortuga que con sólo unos cuantos retoques queda lista.

/media/top5/FlorianGuaje03.jpg Foto: Cortesía Florián López Guerrero

"Lo que busco, esencialmente, es que sea decorativo, porque soy pintor. Pueden decir que se trata de platitos, sí, pero no quiero quitarle su espacio, su producción, al artesano que hace eso", precisa. Muchos de sus trabajos, comparte, se encuentran fuera del país toda vez que fueron adquiridos como obsequios para individuos del extranjero.

Asegura que, como regalos mexicanos originales, sus guajes han llegado a una veintena de países. Eso le emociona porque, entre sus clientes no ha faltado quien le diga que realiza un trabajo parecido al de las matrioskas rusas. Para el potosino, “que te comparen o que tu trabajo se acerque a la artesanía tradicional de otra nación es bueno. Significa que voy por buen camino".

ENTREGA

En redes sociales como Facebook, las publicaciones de López Guerrero hablan de su compromiso ineludible con la actividad artística, en particular cuando se trata de depositar algo sobre un lienzo. Hace unas semanas subió a Facebook una foto de un cuadro en el que se observan una carretera y ojos en el cielo como elementos centrales. Sobre esa pieza comentó: “Es tan entrañable cada obra nueva que pinto. La trascendencia emocional de sus elementos desnuda mi alma y confirma la existencia del amor más puro, intelectual, distante, intocable”. Así es Froilán, pintor que ha encontrado una superficie propicia para elaborar un producto muy mexicano aunque sus raíces se sitúen al otro lado del Bravo.

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