Cultura
EL SIGLO DE TORREÓN
lun 31 dic 2018, 12:30pm 1 de 1

INAH restauró miles de bienes

Arduo. La Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía fue fundamental durante el proceso de conservación. (CORTESÍA)

Bienes culturales recuperan su esplendor tras proceso de restauración
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El Paraguas, fuente central del Museo Nacional de Antropología, la cabeza momificada de una guacamaya, así como indumentarias tradicionales y de época, pintura mural, obras de arte, acervos documentales y edificaciones prehispánicas recuperaron su esplendor tras los procesos de limpieza y restauración a los que fueron sometidos durante el año.

Durante 2018, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se encargaron de restaurar una diversidad de bienes y elementos arquitectónicos como parte de su labor de conservación del patrimonio cultural.

El Adoratorio de Ehécatl, ubicado dentro del Metro, en la estación Pino Suárez, fue objeto del más importante trabajo de conservación desde su apertura pública en 1969.

El INAH instaló cédulas, fotografías y un videomapping que muestran a los usuarios la trascendencia histórica del monumento mexica.

Para ello, los expertos utilizaron la técnica de encalamiento y con el uso de materiales propios a la edificación prehispánica recuperaron el aspecto que debió tener ese templo dedicado al dios mexica del viento, construido hacia 1400 después de Cristo, bajo el gobierno del tlatoani Huitzilíhuitl.

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La Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) realizó trabajos de conservación del colorido plumaje de una guacamaya bandera, momificada de manera natural en la cueva Avendaños, Chihuahua.

Los trabajos incluyeron su cráneo y la amplia variedad de artefactos elaborados con fibras naturales, materiales vegetales y piel de animales, descubiertos en un contexto, posiblemente mortuorio, de dos mil años de antigüedad.

Los profesores intervinieron el conjunto de murales creados por Roberto Cueva del Río, entre 1933 y 1941, en el Instituto Cultural Mexicano (ICM), antigua Embajada de México en Washington, Estados Unidos, en los que se aprecian escenas de la vida en México, sus tradiciones y su cultura. Los frescos presentaban algunos deterioros ocasionados por el paso del tiempo.

Mientras que alumnos de la escuela efectuaron la estabilización de dos huipiles del Fondo Reservado de la Colección Etnográfica del Museo Nacional de Antropología.

Ambas prendas, de finales del siglo XIX o principios del XX de la Mixteca oaxaqueña, fueron intervenidas como parte del Proyecto de Caracterización y Técnica de Manufactura de Bienes Culturales, con el propósito de preservar y redignificar estas piezas consideradas únicas, ya que dan cuenta de una técnica de factura en desuso.

Como parte de los cursos intersemestrales de esa institución, un grupo de alumnos intervinieron tres tocados femeninos, conocidos también como bonetes, fechados a partir de la segunda mitad de siglo XIX y principios del XX, además de un vestido que presentaba alteraciones por el uso.

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Las piezas forman parte de la Colección de Indumentarias y Accesorios del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec.

Otra pieza intervenida por estudiantes y profesores de la ENCRyM fue la Tabla Nierika, atribuida al artista chamán José Benítez Sánchez, en la que se aprecian coloridos elementos que forman parte de la cosmovisión wixárika.

Es una de las cinco tablas huicholas elaboradas con la técnica de estambre pegado con cera de Campeche sobre un soporte de madera, que forman parte del acervo del Museo Regional de Nayarit.

En los talleres de la escuela también se intervino un cocodrilo (Crocodylus acutus) taxidermizado, pieza representativa de las colecciones de ese recinto nayarita, el cual presentaba deterioros ocasionados por factores ambientales, envejecimiento y abrasión.

Los restauradores del INAH también trabajaron en la estabilización del Fondo Conventual del Museo y Archivo Histórico Casa de Morelos, en Morelia, Michoacán, integrado por mil 507 volúmenes impresos entre los siglos XV y XIX, que sirvieron para la formación espiritual de las órdenes franciscanas, agustinas, mercedarias, capuchinas y jesuitas que se asentaron en la ciudad de Valladolid, durante la Colonia.

Una particularidad del fondo son las marcas de fuego que hacen referencia a su origen, por ejemplo, hay libros que pertenecieron a los colegios de San Buena Ventura y de San Francisco Javier, al Seminario Tridentino y a los conventos de la Merced, del Carmen, San Francisco, San Agustín y Santa Catalina de Siena.

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